El cromatismo edáfico, el color en el suelo, trasciende la mera estética visual; para el profesional de la restauración paisajística y la ingeniería agronómica, supone la primera herramienta de diagnóstico in situ sobre la génesis, composición y aptitud de los sustratos sobre los que intervenimos.

En el ámbito de la edafología y la restauración de ecosistemas, el color ha sido históricamente la cualidad más intuitiva y reveladora para la clasificación de los suelos.

Lejos de ser un rasgo superficial, la tonalidad de un horizonte edáfico actúa como un bioindicador complejo que nos narra la historia geológica del lugar, los procesos químicos activos y, crucialmente para nuestro sector, la viabilidad biológica para la implantación vegetal.

La relevancia técnica del color como indicador histórico y universal.

La relevancia técnica del color es tal que ha moldeado la nomenclatura científica internacional. Como bien señalaba la Dra. Rosa M. Poch, Catedrática de Edafología y Química Agrícola de la Universitat de Lleida, la edafología actual debe su nacimiento a esta característica. Fue en 1883 cuando V.V. Dokuchaev, al estudiar los chernozems (suelos negros) rusos, estableció las bases de esta ciencia al diferenciar estos suelos fértiles del loess original basándose en su morfología y coloración.

Esta variable cromática ha sido la piedra angular de sistemas taxonómicos milenarios, desde las primeras clasificaciones chinas hace 4000 años hasta los sistemas contemporáneos. Para el consultor medioambiental o el ingeniero proyectista, reconocer estos términos es fundamental, pues el nombre del suelo ya anticipa sus propiedades físicas y químicas.

En la actualidad, gran parte de la terminología que utilizamos en los estudios de impacto ambiental o proyectos de jardinería técnica deriva directamente de la descripción del color en diversos idiomas.

Encontramos términos de origen ruso como el mencionado Chernozem (negro), Krasnozem (rojo) o Sierozem (gris); del japonés como los Andosoles (suelos oscuros de origen volcánico); del italiano con la característica Terra Rossa; o del francés con los Brunisoles. Incluso términos portugueses como la Terra Preta do Indio nos indican suelos antropogénicos de alta fertilidad.

Capa de tierra con carbonato cálcico

El color del suelo como herramienta de diagnóstico en restauración del paisaje.

Para los profesionales que operan en la restauración paisajistica, interpretar el color del suelo es primordial antes de definir el catálogo vegetal o las técnicas de bioingeniería a emplear. El color no es estático; es la manifestación visible de procesos edafogénicos activos.

La Sociedad Española de la Ciencia del Suelo (SECS) destacó esta importancia a través de una iniciativa divulgativa de gran valor técnico: la edición dedicada al color del suelo. Este documento, que se mantiene como una referencia de consulta indispensable, ilustra cómo las tonalidades nos permiten deducir procesos sin necesidad de analíticas inmediatas.

Por ejemplo, la presencia de rubefacción (tonos rojizos) indica la oxidación de minerales de hierro en climas con estaciones contrastadas, lo que sugiere un drenaje libre, aspecto crucial para la elección de especies sensibles a la asfixia radicular.

Por el contrario, los procesos redox o de gleyzación, que se manifiestan en colores grisáceos, azulados o verdosos, advierten al paisajista sobre condiciones de hidromorfismo o saturación de agua, obligando a plantear drenajes o seleccionar plantas de ribera y acuáticas.

Del mismo modo, la brunificación nos habla de la evolución de suelos forestales equilibrados, mientras que los colores oscuros suelen ser sinónimo de acumulación de materia orgánica y buena estructura, el escenario ideal para la mayoría de plantaciones de jardinería y reforestación.

Por otro lado, la presencia de horizontes blanquecinos puede alertarnos sobre acumulaciones de carbonatos o yesos, factores limitantes que determinarán drásticamente la selección del material vegetal en el vivero.

El legado documental de la SECS.

Aquel proyecto de la SECS, que contó con la participación de numerosos expertos y la introducción de la Dra. Poch, logró sintetizar visualmente conceptos complejos como la podsolización, la crioturbación o la influencia de los materiales parentales en el resultado final del paisaje. Aunque fue concebido como un calendario, su contenido técnico lo convierte en una guía visual perenne para entender la piel de la Tierra.

El color del suelo es, en definitiva, un lenguaje silencioso. Aprender a leerlo permite al ingeniero y al paisajista anticiparse a los problemas, optimizar los recursos en la preparación del terreno y garantizar, con mayor seguridad, el éxito de la restauración paisajística.

Descarga en PDF del Calendario 2022: El color en el suelo (10,2 MB)

Siguientes calendarios de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo (SECS) en PDF:

Fuente: Sociedad Española de la Ciencia del Suelo (SECS) – www.secs.com.es