La intervención en áreas alteradas por el desarrollo urbanístico exige un análisis de las condiciones del terreno antes de proyectar cualquier cubierta vegetal. Un caso representativo y que arroja luz a esta complejidad, se localiza en una reciente obra de actuación paisajística en Jaca, Huesca.

El proyecto abarcaba una superficie de doscientos setenta metros cuadrados donde la topografía presentaba desniveles con pendientes cercanas a la relación 1:1. Desde una perspectiva agronómica, el perfil del suelo mostraba una base predominante de margas con afloramientos rocosos en las cotas inferiores.

Hay que destacar que, este tipo de terreno sedimentario resulta bastante inestable, ya que por una parte tiende a disgregarse ante la presencia de agua y por otra, una fuerte compactación durante los periodos secos, factores que imposibilitan cualquier intento de plantación vegetal directa.

Los criterios técnicos para la estabilización mecánica del terreno

Frente a la vulnerabilidad de las margas, esas rocas sedimentarias de grano muy fino compuestas por una mezcla de carbonato de calcio (calcita) y arcilla, generalmente en proporciones parecidas, el paso adecuado para la restauración del paisaje consiste en frenar la pérdida de suelo y asegurar la integridad física del talud.

Para resolver este escenario, la solución técnica implementada fue la instalación de una red orgánica de fibra de coco de alta densidad, fijada en 900 gramos por metro cuadrado. La elección de este gramaje, apoyado por el asesoramiento técnico y del suministro de Erosionzero (empresa especializada en el control de la erosión), responde a la necesidad de contar con una estructura capaz de soportar altas tensiones de tracción.

Hay que destacar que, esta densidad concreta, no solo proporciona una contención mecánica inmediata, sino que actúa como un regulador térmico, conservando la humedad del suelo, indispensable para la futura supervivencia de las plantas implementadas en la obra.

La estrategia vegetal y consolidación del ecosistema

Los preceptos de bioingeniería del paisaje establecen que las mallas orgánicas operan como un soporte transitorio hasta que las plantas asumen el control del terreno. Bajo este hecho, una vez asegurada la red sobre el talud, la pauta agronómica se focalizó en la introducción de especies trepadoras.

Esta selección vegetal está pensada para aprovechar la cuadrícula de la red de coco como un andamiaje físico que facilita la expansión aérea de los tallos. Durante su fase de crecimiento, la cobertura foliar de las trepadoras también se encarga de interceptar y disipar la energía de la lluvia.

De forma simultánea, su sistema radicular penetra en el terreno, cohesionando las partículas del suelo y aumentando de forma natural su resistencia.

Son varias las especies de plantas trepadoras que pueden ser utilizadas, si bien, la tratarse de un trabajo en una zona urbanística, el factor ornamental también debe tenerse en cuenta, y una de las plantas elegidas es la Hedera canariensis (hiedra canaria), más rústica, capacidad para cubrir y con hojas de mayor tamaño que la Hedera helix (hiedra común).

La viabilidad de una restauración a largo plazo

La viabilidad a largo plazo de una restauración de esta envergadura recae principalmente en la precisión del trabajo de campo. La instalación de los materiales de control de erosión, el respeto de los solapes de las redes y la correcta disposición de los anclajes deben ser ejecutados por personas cualificadas. Y centrados en esta obra, esta labor fue desarrollada por la empresa instaladora Fito Aragón.

Durante el cubrimiento del talud con la red de fibra de coco, se crean cortes selectivos y distribuidos estratégicamente para ubicar las plantas trepadoras. La densidad de plantación contempla el enriquecimiento, en la medida posible, de la zona exclusiva de plantación, para que arraiguen con mayor velocidad en su nueva ubicación.

Una vez ejecutada la obra, con el paso del tiempo, la degradación progresiva de su fibra de coco, irá transfiriendo materia orgánica al suelo, contribuyendo a la mejora de la actividad microbiológica y por ende, nutriendo a las especies trepadoras.